02 dezembro 2007

Mi hij@ ya lo sabe

TEMA CENTRAL / diciembre 2007
Testimonios
Mi hij@ ya lo sabe
Las madres lesbianas enfrentan un dilema cuando ven a sus hij@s crecer en una familia que se diferencia a la impuesta y entonces surge la pregunta: ¿cuándo debo contarle sobre mi sexualidad? ¿se lo diré o lo mantendré oculto? ¿es mejor enfrentarlo desde pequeñ@s? tres mujeres que tienen esa experiencia, nos dan a conocer su decisión.
 
Por Érika Montecinos /RS
 
Un simple dibujo le dio la señal de alerta a Camila para darse cuenta que su hija captaba todo perfectamente.
 
Camila quedó sorprendida, no podía creer lo que estaba escuchando. Sentada frente a su pequeña hija de 5 años, Florencia, no sabía si reir, llorar o mantener la serenidad y no ilusionarse. Optó por lo segundo. Continuo escuchando su monólogo mientras la pequeña dibujaba en su cuarderno:
- Mami, ¿quiéres que te dibuje a ti pensando en Pascal? - le dijo la niña distraida haciendo alusión a su actual pareja - porque yo sé que ella te gusta - arremetio. Totalmente pasmada, Camila y su pareja continuaron preguntándole a la niña con mucho cuidado. "Tú le gustas a mi mamá y ella te gusta a ti", insistia. Las dos le preguntaron qué tipo de parejas existían para ella y la niña respondio: mujer hombre, hombre y hombre y mujer con mujer. Ya todo estaba claro.
El proceso de contarle a los hij@s de parejas del mismo sexo sobre su orientación sexual, es un tema dificultoso, porque frente a una sociedad intolerante con las diferencias y que enaltece la familia heterosexual, ese pequeño paso puede transformarse en un infierno. Y más aún, cuando se tiende a mistificar la infancia con el pretexto de mantener la inocencia en el marco de un discurso conservador.
"La maternidad se vincula al matrimonio, la heterosexualidad y al parentesco. A su vez, las lesbianas son caracterizadas como seres no procreativos, por lo que el tema de la maternidad lésbica se presenta de manera desconcertante para muchas", dice la teórica mexicana, Sara Espinoza quien ha dado conferencias del tema en su país.
Así, esta autora clasifica la maternidad lésbica en aquellas que tuvieron hij@s antes de asumirse como lesbianas y las que, por opción, han decidido tenerlos. De ambas, hay muchos casos, sobretodo en Chile, pero todas tienen una historia que contar como le pasó a Camila quien además participa en los talleres de Maternidad organizados por la Agrupación Lesbiana Las Otras Familias.
"Ya no es problema para ella"
Eva, por su parte, dice que su hija Isabel, de 7 años, lo sabe hace un par de años y que hasta el momento "no ha sido un problema".
"Le conté que amaba a una mujer. Hubo un período de ajustes, la llevé a un par de sesiones con una psicóloga quien me afirmó que tal ajuste y conflicto de ella iba por el tema de los celos que tenía hacia mí, pero en la actualidad, ella entiende que el amor no tiene colores o sexo, sino que se trata de dos personas que se quieren y quieren estar juntas", cuenta.
Agrega que mientras más pequeños y pequeñas son esos hij@s, es mejor develar la sexualidad. "Pero depende mucho de cómo viva la misma mujer su lesbianismo, porque eso se lo transmite a los menores, quiero decir, que se tiene que vivir de forma natural, sin culpas ni vergüenza. Además, ella comparte con otras madres lesbianas que también tienen hij@ y eso la hace sentir que no es la única".
Tal como Camila, ella también considera que hay mucho miedo entre las lesbianas que son madres a contarles a sus hij@s por el rechazo que esto pueda ocasionar "también hay miedo a un alejamiento y claro, miedo a un posible problema judicial a futuro", añade.
En este punto, Camila explica que esa es la razón por la cual le indicaron a Florencia no difundir que tenía dos mamás. "Por los problemas que pueda tener en el colegio y porque yo todavía estoy peleando por la tuición de mi hija ante tribunales, donde tengo que negar mi condición", indica (ver reportaje RS "Madres lesbianas en alerta" del mes de agosto 2007).
"No he podido contarle"
Janet respira y asume que el tema le incomoda. Ella aún no se lo ha contado a su hija Amelia, pero no porque considere que no se deba, sino porque simplemente no podido hacerlo, ya que no vive con ella, sino con sus abuelos, quien al enterarse de su lesbianismo han hecho todo para que no se quede con su hija. "Me da terror pensar qué pueda pasar si se lo cuento, ya que no estoy con ella y no tendría las herramientas para contenerla ni apoyarla", afirma. Reconoce, eso si, que es un tema pendiente y que la niña, de actuales 6 años, continuará su crecimiento. "Opino que hay que naturalizar el tema, porque si lo ocultas por mucho tiempo, ya le estás indicando que es algo no aceptado por tí misma", aduce.
Hay otras madres, con hij@s de más edad, que asumen un proceso una vez que han crecido y tienen cierta facultad para entender lo que ahí pasa. Muchas de ellas, se lo dejan al tiempo o que la misma niña o niño se de cuenta por sí mismo. Algunas especialistas ponen reparos en esto, indicando que a veces puede resultar perjudicial, motivando incluso aún más el rechazo, ya que ellos o ellas pueden haberse sentido engañados.
No obstante, son cada vez más las parejas que asumen sin culpa este proceso. "Primero te ven con una persona mucho, luego te van viendo más. Al final, un día les tomé y les dije: "Ella y yo nos queremos mucho y vamos a vivir todas juntas".Y, conociendo la verdad, crecieron como quien oye llover", relató una pareja de españolas a la prensa de ese país.
"¿Para qué un padre?"
Las madres lesbianas tienen que enfrentar estructuras heteronormativas donde los roles están delimitados a una madre y un padre. Frente a eso, quienes atacan la maternidad lesbiana argumentan que la ausencia de la figura paternal le podría traer consecuencias a esos niños y niñas que crecen en familias homoparentales. ¿Es tan así?
Camila dice que definitivamente su hija Florencia no necesita de un padre cercano. "Pero si la sociedad está llena de estereotipos masculinos", plantea. Eva por su parte subraya que para ella es necesaria, "pero para eso se me exige estar con el padre".
"Chile está lleno de padres de hijos separados y no por eso estos niños no tienen una imagen paterna; la relación que ella tenga con su padre depende mucho de la madurez de los padres para enfrentar la separación y que un niño crezca siendo críado por dos mujeres, no excluye que pueda tener una relación positiva con su padre, eso depende de los adultos. Ahora, en el caso de las inseminaciones artificiales (que entiendo en Chile para lesbianas no hay), pienso que la imagen masculina está super presente en nuestra sociedad y no porque no haya un padre biológico varón viviendo en casa los niños no van a tener una "imagen masculina" puesto que siempre existen los tíos, abuelos, profesores u otras figuras masculinas que pueden ser significatvas en su vida", afirma.
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La discriminación no es el único miedo
La discriminacion no es el único miedo. Esa verdad distinta, esa familia nueva, ese abrazo contra las miradas ajenas puede unir lazos y sellar complicidades. Aunque no por eso deja de herir.
"En una sociedad que sistemáticamente aparta al distinto, los problemas de discriminación contra mujeres lesbianas, gays, personas discapacitadas, pobres o con ideas diferentes existen y coexisten en cada rincón de esta patria que ha tomado prestados los valores de la cultura hegemónica moderna. Somos la basura, lo que se esconde debajo de la alfombra, el secreto escandaloso de una familia bien", define Lidia, otra de las integrantes del grupo de Madres Lesbianas Feministas que se juntan en La Casa del Encuentro en Buenos Aires, Argentina.
Pero cuando esas tres palabras se acoplan: madre, lesbiana y feminista el rompecabezas deletrea, también, nuevos reclamos. "Nosotras decimos: mi cuerpo es mío para abortar, para parir, porque así como la despenalización y la legalización del aborto es la consigna básica del feminismo heterosexual para la apropiación de las mujeres de su cuerpo, creemos que la maternidad lésbica debería ser el complemento a esa consigna porque implica la apropiación del cuerpo de las mujeres lesbianas", impulsa Mónica Arroyo, integrante del grupo.
Pero la sexualidad – cuando no es visibilizada públicamente– puede darse en la intimidad. La maternidad, en cambio, siempre teje vínculos sociales. Por eso, Silvia, mamá de una nena de cinco años, se queja: "Mi hija tiene todo el amor y la salud de cualquier criatura, es protegida y cuidada, tiene dos mamás que la aman y cumplen los dos roles, sólo le faltan sus derechos y los dueños del poder continúan estando ciegos".
La ceguera prefiere no ver lo que ya existe. Aunque se puedan mirar series en televisión sobre lesbian chic o chicas besándose en Televisión el modelo de madre todavía resiste matices. Lucía analiza el trecho entre el dicho y el hecho de una sociedad ¿más abierta?:
"Si bien la sociedad evoluciona paulatinamente hacia una presencia de modelos familiares diversos, yo encuentro una distorsión entre evolución y consecuencia. Todavía los países latinos no es consecuente con los cambios que se producen".
Pero el gran miedo es el miedo a la bolsa de prejuicios. "Sabemos que la sociedad es muy cerrada y cruel con ciertos cuestionamientos que obviamente nos hacen daño. Nuestra hija está expuesta a ellos y sólo podemos contenerla, protegerla, atenderla y enseñarle que somos distintas, que no está mal lo que hacemos y que siempre vamos a estar a su lado. El problema es de los adultos, los chicos no tienen inconvenientes en entenderlo", delinea Lucía.
Sin embargo, el único miedo que hay que afrontar en la tarea de ser mamá no es la discriminación. Los miedos son de todos/as y son distintos.
* Tomado del suplemento "Las 12" del diario argentino Página 12
Rompiendo el Silencio.cl / Cultura pensante, cultura visible, ¡Cultura Lésbica!


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